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Cómo conseguir una hidratación óptima y de calidad en bebés

Cómo conseguir una hidratación óptima y de calidad en bebés

  

Carlos Gómez - 12 de mayo de 2022 - hidratación bebés

La hidratación es un hábito fundamental a la hora de construir una buena salud. Por ello, es algo que debemos tener muy en cuenta en los cuidados que le damos a nuestros hijos en sus primeros meses de vida. Para convertirse en niños y niñas fuertes y sanos… ¡tienen que haber sido bebés bien hidratados!

Y ahora que se acerca el verano y suben las temperaturas, cobra especial importancia la hidratación que deben tener los bebés, ya que son especialmente sensibles a esto. Pueden sufrir con más facilidad golpes de calor y una disminución en los niveles de agua del cuerpo. A continuación, te explicamos todo lo que debes saber.

¿Cuánta agua deben tomar los bebés según su edad?

Todos sabemos la velocidad a la que crecen nuestros pequeños, pero no solo es su tamaño lo que cambia, sino que también deben hacerlo sus hábitos de hidratación a medida que van cumpliendo meses. En los 6 primeros meses, que corresponden con el periodo de lactancia, deben llevar una hidratación distinta que después del medio año de vida. A medida que el bebé va creciendo, la inclusión de agua se hace mayor, y la hidratación viene de más vías (otros líquidos, comidas, etc.).

Hidratación en bebés lactantes de hasta 6 meses

Durante el primer tramo de vida del bebé, la lactancia es suficiente para mantenerlo hidratado. Lo que significa que no es necesario darle agua. Tal y como afirma la Asociación Española de Pediatría, con 0,7 litros al día de leche materna sería suficiente, ya que el 87% de la leche que las madres les dan a sus bebés es agua. Es más, es recomendable solo dar al bebé leche materna, ya que sería todo lo que necesita para mantener una buena hidratación.

En caso de que la lactancia del bebé sea con leche artificial, hay que respetar el número de cucharadas de polvo y mililitros de agua establecidos: en ningún caso poner más agua. En este periodo, es suficiente con darle el pecho a demanda, es decir, cuando lo pida. No obstante, no está de más ofrecérselo, ya que los bebés (a diferencia de los adultos) no reconocen la sed desde un primer momento.

Es importante también la calidad y el tipo de agua que tomará el lactante, siendo el agua mineral natural el agua ideal al ser pura en origen y bacteriológicamente sana. Estas aguas proceden de acuíferos subterráneos totalmente preservados de toda contaminación. Por tanto, se distinguen de las restantes aguas de consumo humano por su naturaleza y pureza original. Esto permite que puedan utilizarse para preparar el biberón y las papillas del bebé sin necesidad de ser hervidas.

Bebés de 6 meses a 1 año

Una vez se cumplen los 6 meses de vida, se puede empezar a introducir alimentación complementaria y, por lo tanto, se puede ofrecer agua al bebé. Las cantidades también cambian (aumentan como es lógico). La recomendación en este caso es de 0,9 a 1 litros, sin embargo, dos tercios aproximadamente lo obtienen de la lactancia.

Ya puede tomar purés y papillas además de agua, aunque si esta se le ofrece después de comer es posible que no la quiera (ni la necesite). Además, es recomendable ir introduciéndole poco a poco en su dieta frutas y verduras, alimentos que contribuyen enormemente a la hidratación. En verano el melón y la sandía son opciones muy buenas que, además, ¡seguro que le encantan!

Bebés que ya superan el año

Una vez los niños cumplen 1 año, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria recomienda subir la cantidad de agua a 1,1-1,2 litros. Esta cantidad se puede mantener perfectamente hasta su segundo año de vida.

Una vez que el bebé va creciendo sube la cantidad de la alimentación complementaria. Frutas, verduras, hortalizas, sopas… acompañado de vasitos de agua. Hay que ir ofreciéndoselos al bebé para que vaya cogiendo el hábito de beber agua, ya que como hemos comentado anteriormente, puede que no sienta sed (lo que no quiere decir que no le haga falta).

¿Cómo saber si un bebé sufre deshidratación?

La forma más sencilla de detectar la hidratación es a través de los fluidos del bebé, ya sea por anomalías o por falta de estos. Ejemplos para darse cuenta son: llorar sin mostrar lágrimas o mostrando muy pocas, tener niveles de orina inferiores a lo normal en los pañales o que esta sea más oscura, que las defecaciones estén secas, tener la boca seca, pegajosa o con poca saliva, etc.

No obstante, según la organización KidsHealth también se puede apreciar cambios en su comportamiento e incluso en su físico, como un inusual mal humor, irritabilidad, somnolencia y mareos, tener la fontanela de la parte superior de la cabeza hundida, la piel seca o los ojos hundidos.

La importancia de actuar rápido ante una deshidratación

Si detectas alguno de los síntomas anteriormente mencionados, es de vital importancia que acudas a un hospital o centro de salud lo antes posible para que un pediatra lo examine, ya que un caso de falta de hidratación en un bebé puede llegar a ser muy grave.

Para combatir una deshidratación, el bebé debe tomar una solución de rehidratación oral, algo que el pediatra le explicará y recetará. En cualquier caso, la visita urgente a un pediatra es la primera de las medidas a tomar.

¡Esperamos que te hayan servido nuestros consejos!